Opinión sobre el debate abierto por Dan Pallota

Luis Solidaridad 0 Comments

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Después de haber escrito el post sobre la opinión de Dan Pallota (EEUU, 1961) acerca de cómo nuestra forma de pensar respecto a las organizaciones sin ánimo de lucro son parte de la culpa de que estas se encuentren lejos de conseguir sus objetivos, me gustaría dar mi valoración personal sobre el debate que plantea.

Aquí puedes leer el artículo sobre Dan Pallota y ver su charla TED.

Independientemente de que estemos de acuerdo o en desacuerdo, total o parcialmente, lo que no deja lugar a dudas es que lo que plantea Pallota no deja indiferente y abre la puerta a un debate muy interesante, y por lo tanto beneficioso, tanto para el sector como para nosotros como sociedad.

No todo se puede monetizar

Uno de los puntos que más comparto es su afirmación de que no todas las cosas se pueden monetizar y valorar económicamente. El sector lucrativo puede satisfacer una buena parte de nuestras necesidades pero hay cosas como, el amor, la dignidad, el sentirse valorado o respetado, y el poder reírse y sonreír, que son necesidades comunes a todos los seres humanos y que especialmente el sector no lucrativo se encarga de proporcionar.

Por eso, cuando haces una donación, que según su definición se trata de entregar algo a cambio de nada, en mi opinión sí recibes algo, porque, en términos de mercado, en definitiva estás comprando algo aunque no sea para ti, estás comprando la sonrisa de otra persona, la mejora de su situación aunque sea solo durante unos segundos, y aunque sea sentirte bien durante 5 segundos, o al menos no sentirte tan mal como si no lo hubieses hecho: sí recibes algo a cambio.

Y ahí tenemos un problema, pensamos que no deberíamos sentirnos bien por ayudar porque entonces parece que el acto solidario deja de ser altruista, y por lo tanto deja de ser solidario. Pero no estoy de acuerdo,  puedes sentirte bien, al menos durante cinco segundos. Esto no significa que haciendo una donación hayamos solucionado el problema o nos libre de nuestra parte de culpa de disfrutar de un bienestar basado en la miseria de otros, pero al menos es mejor haber hecho una donación que no haberla hecho.

Lavado de cara

Como cuando criticamos a grandes personalidades, empresas, magnates, artistas, etc. que hacen una donación cuantiosa pero irrisoria comparada con su patrimonio. Creo que estamos cometiendo un error en el enfoque. Les acusamos de querer hacer un acto de promoción, un  lavado de imagen o directamente pretender exculparse de sus posibles “pecados”, pero en realidad lo que han hecho está bien. No seré yo quien defienda a magnates y multinacionales, de hecho, soy de los que cree que es muy difícil, casi imposible, acumular tales cantidades de dinero de forma totalmente honesta. Pero en realidad que donen está bien, ojalá todos aportásemos la parte proporcional equivalente de nuestros ingresos a ayudar a los demás. Si bien  es verdad que evidentemente no supone el mismo sacrificio donar el 1% de sus ingresos a una persona que gana 500€ al mes que a una que gana 500.000€.

El origen

Como nos cuenta Dan Pallota, esta forma de pensar viene desde los pensamientos puritanos y calvinistas de 400 años atrás. El lucro continuo y desenfrenado entra en contradicción con los pensamientos religiosos al convertir a las personas que se lucraban en pecadoras y por lo tanto se les negaba la entrada al cielo.

Para solucionar este problema se creó la beneficencia, mediante la cual, entregando el 5% de tus ingresos a los más necesitados a cambio de nada tu alma se purificaba, lo que te permitiría entonces dar rienda suelta a tus deseos de lucro sin entrar en contradicción moral alguna con tu alma y tu Dios.

Esta “solución” se ha mantenido de forma generalizada hasta nuestros días, lo que nos lleva al segundo de los planteamientos en los que estoy de acuerdo con Pallota.

La remuneración de la discordia

Si por ejemplo una empresa gana mucho dinero especulando en bolsa, entenderemos que ese directivo o empleado tiene mucho talento para entender la economía y hacer inversiones y por lo tanto será bien remunerado. No importa tanto que su éxito y labor se haya podido podido basar en inversiones en países donde no se respetan los derechos humanos, sobre alimentos de primera necesidad en países subdesarrollados, armamento para conflictos bélicos o simplemente la deuda y necesidad de países asfixiados. Lo que está claro es que el tipo es muy bueno en lo que hace y merece ganar mucho dinero. Otro debate es con qué o a costa de qué es con lo que gana dinero. Pero es otro debate.

Pero pensemos ahora en una persona que dirige o trabaja para una organización solidaria, gana mucho dinero y tiene un sueldo a la altura de una multinacional. En este caso no importará que sea el mejor gestionando su organización y que tenga ideas y talento para conseguir cumplir con éxito los fines de su organización. Todo eso da igual, lo que está claro es que el tipo y su organización son mezquinos y despreciables por ganar mucho dinero ayudando a los demás.

Si tenemos a un enfermero, un buen enfermero que se va de voluntario a ayudar a una remota aldea de áfrica, valoraremos su altruismo, e incluso estaremos dispuestos a pagarle la comida y el alojamiento, pero ¿veremos con buenos ojos pagarle un sueldo por ello? ¿O pensaremos que entonces ya no se está sacrificando por los demás? Lo hace porque le pagan, y además ese dinero se podría destinar a la compra de más material médico y medicamentos para aquellos que de verdad lo necesitan.

Pensemos entonces en el mejor cirujano del mundo. ¿Donde estará trabajando, donde dedicará su talento y esfuerzos? Probablemente y lógicamente estará en uno de los mejores hospitales privados donde solo aquellos con un poder adquisitivo muy alto puedan acceder a sus tratamientos. Y es normal, de ninguna manera le juzgamos por ello. Este cirujano sería un buen ejemplo de cómo se puede ganar mucho dinero ayudando a los demás.

Pero si este cirujano decidiese trabajar para una organización solidaria y cobrar 8.000€ al mes por sus servicios rechazando los 80.000€ que le ofrece el sector privado probablemente sería recriminado o puesto en tela de juicio por cobrar 8.000€. De esta manera, con razón o sin razón, de forma consciente o inconsciente, le estamos forzando a que le compense más dedicarse al sector privado durante 11 meses al año y que ya si eso el otro mes, sacrifique sus vacaciones y trabajé como voluntario. Le valoraremos mucho mejor, es el mejor cirujano del mundo, gana 80.000€ al mes, trabaja un mes gratis para ayudar a los demás y tal vez incluso haga una donación cuantiosa, sería digno de admirar y no nos faltaría razón, ojalá hubiese muchos como él.

Y los hay, pero no tantos. O no los suficientes. Y uno de los motivos

es que nuestra forma de pensar por la que está mal ganar dinero ayudando a los demás hace que de alguna forma el talento fluya mayoritariamente al sector lucrativo en lugar del sector solidario.

No es exclusivo del sector solidario

Y esta forma de pensar no afecta exclusivamente al sector no lucrativo. Por ejemplo, en el tema de la música, el cine y la piratería, seguro que alguna vez habréis pensado o escuchado críticas y reproches a  un cantante o un cineasta que, por ejemplo, crea una canción o película a de la favor de la justicia social o tema similar y gane mucho dinero, y al mismo tiempo reclame sus derechos de autor y esté en contra de la piratería. Se argumenta a veces para justificar la piratería que lo que debería interesarle es que su obra o mensaje llegue al mayor número de personas posibles y por lo tanto no debería pretender ganar dinero y estar en contra de que se pueda acceder a ella de forma gratuita mediante piratería. Cosa que no se le reclama tanto a aquellos que su obra carezca de mensaje similar por cierto. Pero si a nuestro artista favorito le reprochamos que no busque remuneración por ese trabajo que tanto nos gusta estamos volviendo a desincentivar que lo haga.  Y por lo tanto se vuelve a repetir aquello de que ganar dinero haciendo algo bondadoso sea motivo de crítica.

Otro ejemplo más sería aquel por el que se mira con mal ojo el salario elevado de nuestros políticos, y que vista su labor no nos falta razón para ello. ¿Pero dónde nace que los representantes políticos obtengan una buena remuneración? En principio los cargos políticos eran gratuitos para defender su carácter altruista. Pero lo que en la práctica ocurría era que solo aquellos de clase alta y con sus necesidades cubiertas pudieran dedicarse a ello, lo que hacía que la labor política se viese cuando menos sesgada y desde luego no fuese representativa. Cuando se introduce el incentivo del salario, no se hace para aprovecharse del sistema si no para que aquellas personas que no eran de la nobleza o la aristocracia pudieran dedicar su tiempo a la representación política y participar en la toma de decisiones. Por eso yo estoy de acuerdo en que los políticos cobren y además dada su responsabilidad deberían cobrar bien. Eso sí, el castigo por utilizar su cargo y poder de forma fraudulenta debería ser fulminante y ejemplar, no como ahora… Pero lo que es evidente es que “en teoría” la labor política es una labor fundamental para el bienestar y progreso de la sociedad y por lo tanto debería estar remunerada. Esto no significa que un buen salario asegure talento, no hay más que ver el panorama. Pero la idea y el enfoque se sigue repitiendo. Si exigimos salarios bajos o inexistentes a nuestros políticos otra vez estaríamos cometiendo el mismo error y tal vez desatrayendo el talento de nuevo.

Esto es un problema que se evidencia de manera recurrente en nuestro sistema económico y nuestro sistema de valores que merece la pena discutir. Imaginemos lo contrario, un trabajo o labor que nadie quiere hacer porque moralmente nos supone un conflicto. Hay muchos. Seguro que nos viene a la mente alguno. El sistema necesita que sea realizado pero no encuentra muchos aspirantes o ninguno ofrece una remuneración alta para que sea cubierto por alguien. Nadie quiere hacerlo así que habrá que habrá que pagar bien para convencer a alguien de que lo haga. Lo cual nos lleva de nuevo al mismo planteamiento, estamos de acuerdo en que hay que pagar bien a aquel que tiene que hacer algo moralmente cuestionable pero cuestionamos que otro gane dinero haciendo algo bueno.

Aun así hay muchas excepciones

Son muchos los ejemplos de los problemas que tiene nuestro sistema al respecto. Y con esto no quiero decir que no se pueda ganar dinero haciendo algo bueno. Si algo bueno tiene el sistema capitalista es el sistema de incentivo y recompensa.

Y no me malinterpretéis. No seré yo quien defienda aquí el capitalismo, sus excesos y su codicia desenfrenada. Pero lo cierto es que gracias a su sistema de incentivos se han conseguido innumerables beneficios y avances para la humanidad. A veces solo accesibles a unos pocos y otras veces accesibles a todos. Ahí está el ejemplo anteriormente del cirujano, pero también conocemos infinitos avances tecnológicos y científicos que han mejorado nuestras condiciones de vida y muchos otros ejemplos más. Nos guste o no, en muchas ocasiones la persecución de ese incentivo económico ha sido lo que ha provocado o facilitado esos avances y mejoras.

Doble vara de medir

¿Por qué entonces cuando se trata de un producto o algo tangible no entramos en valoraciones morales pero si lo que se nos vende es la ayuda, el cariño, el cuidado, la protección, el amor hacia otros, etc, nos auto-imponemos como sociedad que no pueda existir ese incentivo y recompensa a menudo tan beneficioso cuando el sector lucrativo lo emplea en hacer cosas buenas?

Puede que por el simple hecho de que un sector sea lucrativo y el otro no. Y esa es una de la cosas en las que no acabo de estar del todo de acuerdo con Dan Pallota.  Reclama que se posibiliten los dividendos y el acceso a inversores en el sector no lucrativo. Dice que el sector pierde acceso a una cantidad de fondos muy extensa, y no le falta razón. Pero recordemos que se trata del sector no lucrativo y por algo lo es. Esto puede parecer una contradicción con lo que he apoyado anteriormente, y tal vez lo sea, pero es la única diferencia que hay entre una organización no lucrativa y una empresa que solucione un problema social, que las hay.

Estoy de acuerdo en que incentivemos a las personas a dedicar su esfuerzo, talento y capacidades al sector no lucrativo pero no tanto en que devolvamos más dinero del que han entregado a aquellos que lo han hecho. Creo que una organización no lucrativa tiene que ser eficaz para aumentar su capital y por lo tanto su capacidad de actuar pero siempre para destinarlo a la mejora de su objetivo, y si para ello hay que incentivar a otras personas para que dediquen su tiempo y talento a ello estoy de acuerdo, pero no tanto para incentivar a aquellos que desde su casa lo mismo invierten en armas de conflictos que les interesa prolongar que al mismo tiempo invierten en la construcción de hospitales que esa mismas armas se han encargado de destruir.

¿Contradicción?

No estoy seguro de que esto último no sea una contradicción por mi parte. Si esas inversiones hacen que la asociación aumente su capacidad de obrar, siguiendo mis posturas anteriores tal vez debería darme igual la moralidad de las personas que estén detrás. Al fin y al cabo aunque sus otros actos sean negativos este en concreto es positivo… ¿Deberíamos negarnos a aceptarlo si eso provoca que nos sea más difícil conseguir nuestro fin de ayudar a los demás? Tal vez no o tal vez sí. Puede que si rechazamos ese dinero entonces fluya hacía un destino más cuestionable. pero ¿Justificaríamos también que una organización recaude para los refugiados que huyen de una guerra mientras por otro lado colaboran con bancos que invierten en las mismas armas que causan dicho sufrimiento? Tal vez lo idóneo en estos casos sea hacer un filtro sobre con quién colaboras y con quién no. Y aunque sea complicado, al menos marcar un linea roja.

Son muchas las contradicciones que puede generar esto y lo que está claro es que es muy difícil no incurrir en ellas. Lo importante en mi opinión es marcarse al menos unos líneas rojas, y yo, valorando los pros y los contras de los postulados de Dan Pallota, las pongo, por el momento y a día de hoy, aquí.

Pero creo que independientemente de lo que piense yo aquí y ahora, lo realmente positivo consiste en volver a profundizar y analizar nuestras valoraciones éticas y morales al respecto.

De la misma forma que reclamo un replanteamiento en nuestra moralidad en favor de las organizaciones no lucrativas. No significa para nada que no haya que juzgarlas, de hecho, en otros aspectos soy partidario de ejercer un control, juicio y censura más estricto sobre ellas. Cuando una organización solidaria comete fraude me parece mucho más grave que cuando lo hace por ejemplo una empresa de estructura piramidal, las dos han engañado a sus “colaboradores” pero una cosa es engañar o jugar con la codicia de las personas y otra mucho peor hacerlo con la buena voluntad de estas. Y siendo ambas reprochables una de ellas es funcional y moralmente más dañina.

Vayamos paso a paso

Con replantearse todo esto no se soluciona mucho pero al menos se va dando pasos hacía la mejora.  Y frutos de esas reflexiones se va abriendo camino en la búsqueda de esa solución, que es en definitiva lo atractivo de los planteamientos de Pallota, estés de acuerdo o no con él.

Da en la tecla para abrir el debate y generar una necesaria reflexión. La mía es esta a día de hoy pero no es la misma que ayer y estoy abierto a cambiarla mañana.

Para los que habéis aguantado   leyendo hasta aquí os dejo como “premio” el vídeo de la última charla TED de Dan Pallota “ El sueño que no nos hemos atrevido a soñar” (The dream we haven´t dared to dream).

(Puedes verlo subtitulado en español en las opciones)

 


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